Lilith y el Ama de Casa
En mi otra vida tuve que ser una grandísima hija de la grandísima puta, si no, no se entiende. Tal vez eso de la reencarnación solo sea una falacia que se han inventado unos cuantos sabihondillos de esos que corren por ahí. ¡Pero y si es cierto que existe y que nuestro Karma nos persigue una y otra vez como dicen algunos! A lo mejor fui una de esas prostitutas de alto nivel. ¡Sí! Una de esas que manipulan soterradamente a los hombres poderosos y cultos con sus subterfugios vaginales, su glamour y sus dos poderosas razones sin operar.
Me es de gran alivio pensar que estoy pagando una deuda que yo misma contraje mientras disfrutaba del poder usando malas artes para conseguir sin escrúpulo alguno todo lo que se me antojaba, daba bienestar y saciaba mis necesidades físicas y emocionales. Creedme, soñarme una emblemática Lilith capaz de cruzar el Submundo para alcanzar la sagrada sabiduría del Árbol del Conocimiento es mucho más curativo y sanador que descubrir que todo esto es solo lo que es y lo que me queda por hacer.
“La vida es lo que haces de ella” durante años ha sido mi frase referente pero no hago más que luchar contra los elementos continuamente y cuantos más derribo más me quedan por derribar. Cuando parece que si, otro jodido porrazo me dice que no. Cada día más lo único que necesito es paz, amor y tranquilidad. Aunque esto parezca un discurso eclesiástico.
Dejar que las cosas fluyan por si mismas actuando y provocando que el universo se alinee conmigo para que de una vez por todas pueda disfrutar de lo trabajado, asimilar lo sufrido y mirar al frente con la satisfacción que te da ver culminado el trabajo y no con malos resultados. Es mi primera y única prioridad en esta etapa de mi vida que se ha movido más que el baúl de la Piquer.
Primero cuidé, después cuidé y, ahora, en más de la mitad de mi camino sigo cuidando. ¡Y yo! ¿Yo cuando? Cuando podré ser libre y estar libre de cargas. Cuando me levantaré por la mañana y respirare el aire que me toca solo para mí… sin prisa, sin agenda, sin compromisos, sin responsabilidades ni obligaciones. Sin pajas mentales que me carcoman el cerebro. Tanto brío y coraje para que me ha servido y me sirve si tuve y tengo que tragar sapos y culebras en forma de ira contenida e impotencia, simulando el penoso síndrome de Santa Teresa para vivir la vida del no vivir.
Me he pasado la existencia rellenando los huecos que otros dejan. En vez de una mujer me siento como un saco de cemento armado. ¡Este sí que es mi verdadero síndrome! El del cemento Portland, que está ahí para rellenar, pegar, fortalecer paredes y muros donde se apuntalan más y más edificios. Mientras que a mi lo que me gustaría seria comprarme un buen mazo y liarme a mazazos con las paredes que construyó y sustento. Es muy fácil tener a un Alien dentro de ti cuando cargas con tanto. Y cada día más mermada descubres que el egoísmo de aquellos que te rodean es tan grande que te acojonas porque es como si un gran monstruo te fuese a devorar de un momento a otro.
Tal vez la vida con sus reencarnaciones sea muda y sorda ante lo que nos acontece a las personas y solo este ahí para hacernos de espejo. Un gran espejo reflectante donde te ves una y otra vez y donde nunca te llegas a reconocer a ti misma. ¡No lo sé!
En mi otra vida, evidentemente, tuve que ser una diosa déspota y obscena. Una vampiresa del amor pasional y las tragedias griegas. Con esa ilusión infértil doy rienda suelta a mi ingenio imperecedero y me crecen los cabellos obteniendo formas de serpientes enroscadas que revolotean en el aire. De una 85 paso a una 95 copa C. Pierdo 20 Kilos y tengo un cuerpazo que flipas. Un prominente escote muestra mi espectacular retaguardia hasta donde la espalda pierde su nombre y de esta guisa comienza a desvelarse mi otro Yo. El Yo que llevo dentro y que proviene de esas otras vidas por las cuales en esta estoy tan llena de mierda.
Una de mis abuelas decía que hay gente que nace con una flor. Eso significa que hay personas que nacen con suerte. Yo soy una de ellas. Solo que la mía me salio en el culo y cada vez que me siento la chafo. La suerte es que dentro de ella hay escondida una “Mantis Religiosa” que es quien me mantiene firme y viva.
Enviado por Galilea

















Me ha flipado las vueltas que le as dado, muy guay.
María