Cuando al oído te llega la voz de lo que pariste,
y el alma se te indigesta por la triste confusión.
El desconcierto congela el sentir de lo oíste,
y la mentira no cierra la herida que ya se abrió.
Que pena que así te muestres, despojada de prejuicios,
Que pena, que yo te mire, con los ojos del dolor.
Que pena, que no lo entiendas. Sin temor a derretirte.
Que pena, que ni te acerques, al agujero, que me hundió.
Un cordón unió dos vidas igual que en la gestación.
A un extremo la madre, y al otro, la hija que un día olvido.
Carmen Gómez

















Es muy triste, pero me ha gustado mucho