Desde niño la oí tocar cada día a media tarde como si de un ritual se tratase. Mi madre me explicaba que cuando era joven, Doña Enriqueta, había sido una violinista muy reconocida y que había hecho conciertos en los mejores teatros europeos. Después de un accidente tubo que dejar la música profesional y, según todos, se sumió en una gran depresión que la mantuvo enclaustrada en su casa durante años.
Doña Enriqueta era una mujer respetada y admirada por todos. Los más mayores contaban que ni siquiera cuando era una mujer famosa se mudó del barrio. Siempre vivió en la casa de sus padres que antes había sido de sus abuelos. Un matrimonio fallido la dejó casi en la ruina y, después del accidente de coche que la apartó definitivamente de los escenarios, vivía casi rozando la miseria aunque ella jamás lo admitió. Con frecuencia se sentaba en un banco del parque que había debajo de casa, siempre llevaba un libro en la mano y sus gafas de pasta color miel. Tenía una peculiar manera de vestir, utilizaba colores calidos y era extraño no verla con algo de color rosa, aunque fuese un pequeño detalle en su pelo cano especialmente cuidado. A pesar de todo, su apariencia era sumamente elegante y no pasaba desapercibida para nadie. Read more…
La “Trini” como le gustaba que la llamasen fue una de esas mujeres adelantadas a su tiempo. Militante activa en la segunda guerra mundial defendió hasta el fin de sus días la libertad y la justicia, con coraje y tesón.
La Trini fue galardonada con nuestro Premios Colaboradores en el año 2007. Recuerdo su vitalidad y energía, la fuerza de sus palabras y la expresión de sus ojos que hipnotizaron a todas las mujeres presentes aquella tarde en la Pizarra de Raimunda. Nos hablo de sus hazañas, de la resistencia, de su estancia en la cárcel, de la miseria, del dolor. Pero a mi una de las cosas que más me ha quedado guardada en la memoria fue cuando nos contó como fue su primer día de guerra.
Nos relató que aquel día asistió a su primer parto, ella era muy joven y la inexperiencia y el miedo por la situación en la que se produjo, hizo que aquel parto entre las bombas fuese muy difícil. Aun así, todo fue bien y, el llanto del pequeño acalló milagrosamente el estrépito zumbido de los proyectiles. Al acabar su trabajo se fue de la casa y nada más salir a la calle el cadáver de un hombre cayó junto a sus pies. Nos narró emocionada, a pesar de los años trascurridos, que el mismo día presenció los dos actos más importantes del ser humano, la vida y la muerte. Después sin dar tiempo a que la tristeza se instalase en nosotras, alzó la mano con brío y comenzó a cantar la Internacional. Llenó la sala de entusiasmo e hizo que la alegría fluyese como el agua en un río. Read more…
Desde que abrió el buzón aquella mañana de otoño le había sido imposible volver a recuperar la tranquilidad. Un sobre blanco sin remitente y con una sola palabra escrita en el dorso la catapultó de un golpe a su antigua vida, una vida que había tardado en olvidar treinta años.
Durante mucho tiempo había sido consciente de que aquel momento podría llegar. Con el paso de los años el temor se fue disipando y la tranquilidad fue guardando en el recuerdo a la persona que se escondía dentro de ella. Se afincó en aquel pueblo pequeño de gentes sencillas y se transformó en una vecina más, respetada y querida por todos. El escondite había dejado de serlo y su marido, hijos y nietos la habían convertido en aquella mujer que era ahora.
Desde que recibió la misiva, permanecía guardada en el cajón de la cómoda sin que hubiese reunido el coraje suficiente para poder abrirla pero sabía que, le gustase o no, debería hacerlo cuanto antes. Conocía al remitente y sabía sobradamente que era capaz de todo, no debía arriesgarse a que se presentase en su casa.
Aquella mañana, después de que saliesen todos para hacer sus quehaceres cotidianos, se preparó una taza de café bien cargado y se dirigió a la cómoda donde guardaba su secreto. Levantó la ropa con sumo cuidado y allí estaba la carta con la inscripción de su otro yo. ¡Mikaela! Respiró fuertemente para coger todo el aire que le fuese posible acumular en los pulmones y la agarró con la mano temblorosa. Se sentó a los pies de la cama y la abrió. Desplegó el papel que había dentro del sobre y solo una palabra sobresalía del impoluto blanco: “Ven”. Sus peores temores se acababan de hacer realidad. Sabía lo que tenía que hacer y a donde debía ir. Sin pensarlo se vistió, se puso los zapatos negros anudados al tobillo, el abrigo verde de paño y el sombrero tostado de ala ancha que tanto le gustaba. Antes de salir de casa escribió una nota que dejó encima de la mesa: “Me he ido a la ciudad, regresaré al anochecer. Os quiero” Read more…
Ya era hora de que nuestros jóvenes se levantasen para luchar por el país que será la cuna donde dormirán el resto de la vida que les quede.
Hasta ahora han permanecido recostados en los brazos de sus padres y los beneficios que consiguieron ellos en su propia lucha.
Nuestros jóvenes han estado amamantados por el caño de la bonanza, están acostumbrados a la vida fácil, a tener en exceso y sin esfuerzo alguno. Salvo en excepciones que también las hay… Ellos han vivido una de las mejores etapas de nuestro país con notable diferencia en todos los ámbitos.
A lo largo de la historia los seres humanos luchamos para conseguir mejoras en la herencia social que nos precedía. En nuestro caso lo hicimos para establecer las libertades, la economía, la sanidad, los derechos humanos, los salarios base, la reducción de los horarios, las ayudas sociales, la incorporación de la mujer en el mundo laboral, la igualdad entre los géneros. etc. Read more…
Pertenezco a esa generación de mujeres indestructibles, esas que creímos, por encima de todo, que seríamos capaces de cambiar nuestro mundo. Se puede decir que es cierto, cambiamos cosas que las que nos precedieron no pudieron cambiar. Pero, visto desde la distancia y la calma que te dan los años, me doy cuenta que ni hicimos tanto, ni sabíamos tanto como nos creemos y como algunas se empeñan en hacernos creer.
Las cosas cotidianas de la vida. Las que no puedes eludir. Las que forman parte de lo que tú construiste… siguen ahí, esperando, igual que antes esperaron a nuestras predecesoras. Sí, aquellas a las que creímos mejorar y vencer con nuestra superioridad falsa e inherente. Hoy intuyo con humilde desconcierto que ellas, las mujeres de antaño, nos verían como patéticas sucedáneas de sí mismas. Conscientes de que llegaría el día donde miraríamos atrás y nos daríamos cuenta del ridículo escabroso de nuestros actos.
Después de tanto, en realidad, ¡pero de verdad!, en la vida de las mujeres de la calle, las anónimas, las que precisan las ayudas, ¿qué hemos cambiado? Read more…
El 1 de diciembre de 2010 Cristina Savall escribió un artículo para el Periódico titulado: Las obras del AVE descubren un poblado neolítico en Sant Andreu El subsuelo de la Torre del Fang esconde una necrópolis hasta ahora desconocida. Los arqueólogos hallan los restos de una persona enterrada hace 5.000 años cerca de la estación
Ferran Puig, director del Servei d’Arqueologia del Museu d’Història de Barcelona, aseguró que los hallazgos recogidos en los dos últimos años en el extenso sector en obras entre el puente de Bac de Roda y el nudo de la Trinitat son interesantes y variados.
He leído que era previsible encontrar más restos a pesar de que no se esperaba el nuevo gran hallazgo ahora descubierto en nuestro subsuelo. Roma aflora en Barcelona mientras que nuestro alcalde, el Sr. Xavier Trias, ha afirmado que no se pueden cambiar las obras del AVE por este descubrimiento, porque “sería un disparate”.
El pasado se cruza con el futuro y en vez de potenciar y sacarle partido al hallazgo nos precipitamos a los brazos del progreso, indiscutiblemente bien avalado por un montón de contratos establecidos bajo el manto de la descomunal estación. Read more…
Hoy día 2 de septiembre se ha hecho publico un gran hallazgo en San Martín. Barcino se ha cruzado con las obras de la estación del AVE.
Esta fotografía data del año 1940. El niño de la foto estaba en ese mismo suelo, un campo de coles que llega hasta donde alcanza la vista. Siete años más tarde, las coles desaparecieron para dar paso a la Ronda de San Martín y el fondo de San Martín donde se construyó uno de los barrios más polémicos, odiado y querido de nuestro Distrito, La Perona.
El barrio inexistente que acunó a tres generaciones de personas desapareció en 1989 y se convirtió en el parque de San Martí para regocijo de los vecinos que lucharon por el destierro y la aniquilación de tan penoso paisaje, vergüenza para visitantes y pésima imagen para una Barcelona que acogería a los Juegos Olímpicos en su seno.
¡Ni las Coles, ni La Perona, Ni el Parque! Al final, se decidió que en aquellos terrenos, ahora infértiles, se construiría la estación para el tren de alta velocidad, el AVE, un prestigio inusitado que convertirá a San Martí en el enlace con Europa a través de la línea férrea. Un proyecto ambicioso de magnitudes gigantescas que potenciará aun más a nuestra Barcelona cosmopolita y moderna.
Hoy nos hemos levantado con la noticia de un descubrimiento, un hallazgo arqueológico de 1.100 metros cuadrados en los que, por el momento, se han encontrado fragmentos de mosaicos y pinturas, además de paredes que podrían dibujar la arquitectura del pasado romano.
Se trata, por lo que se conoce hasta ahora, de una villa termal y, según el Ayuntamiento, es un conjunto arquitectónico que podría ser anterior a los siglos IV o V y habría sufrido ya anteriormente modificaciones y ampliaciones a lo largo de su historia. Read more…
Sé que estas ahí, asomándote a mi alma. Escucho como caminas por el borde de mi aura. Presiento tu acariciar, en el rubor de mi cara. Escucho en vez de uno, dos corazones que en mi estallan.
Se ha engendrado una ilusión en mi curvada nostalgia, al volverte a recordar. Soñé que aún me mirabas. Y la ternura invadió de esquina a esquina mi casa, como si entrase la luz hasta donde no hay ventanas. Por eso sé que aquí estás, entre la piel de mis lagrimas, acompañándome igual que cuando presente estabas.
Mi abuela era de Granada, llegó a Barcelona en 1940 con su marido y sus hijos huyendo de la posguerra y de la falta de trabajo. Tras vivir unos años en Pueblo Nuevo, en el año 48 su marido le compró una casa, “un chalé”, le dijo. En el número 27 del desaparecido barrio de La Perona. Ilusionada, dejó la habitación donde vivían realquilados y cuando llegó al chalé se encontró con un terreno de 300 metros cuadrados, bordeado de árboles frutales, sin luz, sin agua. Toda su vivienda eran cuatro paredes reducidas a 20 metros cuadrados en los cuales tendrían que vivir, comer, dormir y asearse cinco personas.
La señora Lola bajó la cabeza, compró un candil y piedras de carburo para iluminarse, un cubo de aluminio con una barra de hielo para conservar los pocos alimentos que tenían y unas garrafas para recoger agua de la fuente. Se armó de coraje y honestidad y siguió viviendo. Read more…
La construcción del barrio de la Perona coincidió con la visita de Eva Perón, primera dama de Argentina, a España. Las gentes guardaron como anécdota en el tiempo este acontecimiento, de manera que al preguntar a sus ocupantes desde cuando estaban allí, contestaban: “desde el año de la Perona”. Esta reiteración popular fue la que dio origen a la denominación del mismo.
Los primeros en llegar al barrio fueron mis abuelos, los padres de mi padre, Juan y Lola. Se instalaron allí con sus tres hijos aún pequeños. Venían de vivir en la calle Lope de Vega en un piso donde estaban realquilados.
No sé si en el 58, se estilaba eso de, “se casan de penalty” pero esa fue la realidad, mis padres se casaron y escasamente un mes después nací yo. El 1 de noviembre, día de todos los Santos, a la hora de las brujas. Segir leyendo
La tienda de golosinas se ha convertido en un espeso manto verde donde los perros defecan y la gente pisa por donde antes crecía la vida, las historias de sueños y las dificultades humanas.
Vivo delante de mi barrio inexistente. Aquel que olía a café, a pescadito frito y a sopa de caldo recién hecha. El de la ayuda solidaria y las miradas encendidas. Aquel en el que los niños inventábamos juegos con cajas de cartón y carreras de chapas mezclando las gomas, la charranca o el pica pared.
Hoy me siento en lo que fue mi casa para seguir escuchando el zumbido del tren en la añoranza de mis recuerdos; aquellos que me han ayudado a construir a la mujer que soy y que cobijan a la niña que duerme en mi. Seguir leyendo
La granja de la Sra. Carmen, la papelería, la pesca salada, la Pollería, el bar del Cesar, el Restaurante de los Navarros, la peluquería Blanca, los electrodomésticos Gumper, el Banco Atlántico, la pastelería del Ferran, el bar del Sandro, los calzados Marrugat, el bar Zurbaran, el Franfurt, la Barbería, el bar Fluviá. Estas eran las tiendas de mi barrio, entre ellas crecí, me hice mujer, me enamoré, me casé y fui madre. Recorrí cada una de las baldosas del mismo suelo una y mil veces, desgastando mis pies a medida que ellos iban creciendo.
Llegué a este barrio cuando aún no tenía trece años. La Sra. Carmen de la granja me ofreció trabajo, yo era una pequeña y escuálida niña a la que ella adoptó simbólicamente, me enseñó a responsabilizarme y me mostró algo fundamental para mí, el reconocimiento personal, la confianza y el cariño.
Lo que antaño fue el centro neurálgico del vecindario, ahora es una verja llena de polvo y mugre. Cuando paso por allí en mi devenir diario recuerdo aquella niña alegre, correteando, rebosando vitalidad y entusiasmo y no puedo evitar sentir un pellizco en la boca del estomago. Read more…
¿A qué justicia nos estamos enfrentando los españoles? Hoy al ver a los padres de Marta del Castillo se me han vuelto ha retorcer las tripas, una vez más, igual que pasó con el caso Mª Luz, Sandra Palo y otras muchas niñas y niños que han sido cruel y brutalmente asesinados, vejados e hipócritamente defendidos.
¿Hasta cuándo será la ley del menor una tapadera de criminales, maniacos y depredadores? ¿Hasta cuándo la justicia se escudará en ella para calmar sus conciencias y poder dormir tranquilos por la noche? ¿Hasta cuándo esperaremos los ciudadanos para revolvernos colectivamente y exigir que esta ley sea revisada? ¿Qué ha de pasar, para que dejen de suceder más casos como estos?
El dolor de estas gentes traspasa las barreras de la humillación, los asesinos les han arrancado a sus hijas e hijos y la justicia les ha despellejado la dignidad. Read more…
Mi abuela materna se llamaba Angustias Puga y ha sido una de las mujeres más importantes de mi vida. Mis creencias, costumbres y hábitos son como son porque ella me los inculcó. En mi día a día, era lo primero que veía al despertarme y lo último al acostarme. Yo la quería mucho y ella a mí también.
Su ejemplo es el de una mujer luchadora, fuerte y con un par de ovarios para tirar adelante a su familia. Una mujer ruda, de enérgico carácter y firmes convicciones. Ella fue el padre y la madre de sus 8 hijos. Mi abuelo estaba enfermo, así lo recuerdo hasta que murió.
Una de las cosas que más me ha marcado de ella ha sido su protección por la familia, la lucha constante por los suyos a los que dedicó la vida sin más. Tenia un arraigado sentido de la responsabilidad y eso nos lo transmitió a fuego a casi todos. Evidentemente, no todo era tan bueno en la Sra. Angustias: tenía un genio de mil demonios y había que hacer las cosas con el rasero que ella medía. Pero para mí, mi abuela era un díos y lo sigue siendo: cuando estaba con ella me sentía querida y segura. Tenía la completa convicción de que si ella estaba a mi lado nada malo podía pasarme. Read more…
De vez en cuando, recuerdo a la gente que recae sobre mi conciencia, gentes a las que quiero y deseo estar presente en sus vidas. Pero son tantos, que me agoto por dentro y se me secan las fuerzas y pienso, mañana, mañana acudiré. Pero mañana cada vez esta más lejos y cada vez tengo menos fuerzas para tirar de los carros que penden de mi.
Entonces, se desata la culpa con sus malas artes hasta que, al final, la coherencia me socorre y me recuerda desde la humildad y el cariño que la primera damnificada en este cuento soy yo y mi cansancio y mis limitaciones y mi tiempo, el tiempo que derroché antaño repartiendo entre los demás, sacando de mi para dar a los otros. Tanto saqué, que, aunque ahora ya hace años que me repongo del desaguisado, no consigo restablecer la energía que derroché en cada uno de ellos a lo largo de mi vida. Querer, a veces, no es poder. Querer a ciegas es amar a solas.
Tal vez, cuando las circunstancias te vapulean una y otra vez, te conviertes sin saberlo en una roca maciza, yerma e inhóspita. No lo sé. Sea como fuere, convertirte en algo que no eres, siempre se puede arreglar. Otra cosa es ser roca de nacimiento.
Pasearme por una cárcel ha sido una de las experiencias que me ha brindado la vida más impresionante que he tenido. Los sentimientos y emociones más dispares acuden a ti convirtiéndote en el ser más pequeño y a la vez más grande que existe en ese momento. Caminar por el mismo suelo gastado, por donde miles de pies lloraron y lloran su soledad te acongoja el alma libre que tienes dentro de ti. Lo peor de esa experiencia fue visitar las estancias donde viven las madres con sus hijos. Niños que son presidiarios antes de nacer y no conocerán el mundo real hasta que cumplan los 3 años. Entonces serán arrancados de sus madres y del único habitad que han conocido, para devolverlos a un mundo que ignoran, con unas gentes que no conocen, y unos amigos que seguramente los estigmatizaran al descubrir su procedencia. El estado dictamina sus derechos inmune a los sentimientos del menor. Muchas madres los utilizan para poder disfrutar de los privilegios concedidos durante esos años de sus vidas. Mientras que ellos crecen entre esas cuatro paredes enjaulados, marcados y usados pagando de por vida un delito que no cometieron.
Mis queridos Cibernautas el próximo sábado día 20 será el día Universal de la Infancia. Con este motivo y para reivindicar los derechos de la infancia dedicamos una serie de trabajos para despertar en los mayores la capacidad de sensibilizarse y responsabilizarse del bienestar de estos Hombres y Mujeres bajitos que en ocasiones suplen, pagan y padecen nuestras adversidades, conflictos, cargas y carencias.
Ojala llegue el día en que los niñ@s sencillamente puedan ser niñ@s
Cuando nos hacemos mayores vamos hilvanando el tejido de nuestras vivencias para construir el vestido que nos arropara a lo largo de la vida que nos quede. Unimos verde con verde, rojo con rojo, a cada paso el telar recobra sentido y le vas dando la forma y el color que te gusta y conviene. Durante muchos años de tu vida no tienes consciencia de lo que pasa por ella simplemente funcionas como un autómata perdiéndote las pequeñas cosas, las que te enriquecen y harán grande. Con los años vas tomando distancia y adquiriendo sabiduría. Es entonces el momento de empezar a tejer tus recuerdos.
Tendría seis o siete años cuando conocí a mi primera amiga. Ella se llamaba Komarica y era una vecina del barrio. Komarica la dama de mi infancia, mi dama de los botones. Sobrevivía recogiendo mugre. Su casa era un desecho de multitud de cosas y a mi me encantaba.
Siempre que podía me escapaba de mi casa y me refugiaba en la suya. Allí pasábamos horas en silencio apilando botones por medidas y colores. Estaban enganchados a un papel cuadriculado que yo separaba de un puñado a otro con la destreza de un experto. Al día siguiente todos los botones volvían a estar mezclados nuevamente como si en la noche un duende hubiese desecho el trabajo de todo el día para volver a comenzarlo, cosa que hacia sin importarme lo más mínimo. Read more…
Mi primera casa fue una pequeña barraca en el barrio de la Perona. Mis abuelos paternos cedieron a mis padres parte de su terreno para que construyesen la casa. Dos compartimentos cuadrados que hacían las veces de dormitorio, cocina y comedor.
Un cuadrado era la habitación y en ella había un armario y dos camas: la de mis padres y la de todos los niños separadas entre si por un diminuto espacio. Entonces éramos cuatro hermanos: dos dormíamos a la cabecera de la cama y los otros dos a los pies. Nos pasábamos la noche tropezándonos los unos con los otros hasta que un cachetazo de mi madre ponía fin a las quejas constantes, así dormíamos calientes como solía decir ella. El otro cuadrado era la cocina para todo: cocinar, comer, estar, el baño. Todo incluido en un mismo cubículo. Cuando nacieron los gemelos mis abuelos volvieron a ceder otro trozo de su casa y se añadió un nuevo cuadrado a los dos que había. De día era el comedor y de noche se habría una cama plegable donde dormíamos mi hermana y yo. Esta fue la casa de mi infancia, una infancia aglomerada y compartida a milímetros. Read more…
Centro Cívico de San Martín
Calle: Selva de Mar 215. plan 6ª Aula 602
Teléfono: 636.74.14.16
Día: Lunes de 17 a 19.30 h.
Bus:33, 43, 44
Metro: Línea 2 Sant Martí
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Contacto:lapizarra(a)telefonica.net
Un Proyecto de mujeres que trabajan por y para la mujer