Cada día tenía que bajar un trozo de la Perona, el barrio en el que vivía, descender por el barranco, atravesar el escampado y continuar caminando cuatro o cinco calles más hasta llegar al Adela de Trenquelleon, un colegio de monjas que estaba situado en el 256 de la calle Provençals. No guardo muchos recuerdos de mi colegio, tampoco estudié el tiempo suficiente para poder añorarlo.
Mi profesora se llamaba Sor Loreto y siempre la sentí como alguien especial. Intuía su cariño cuando me hablaba. Decía que yo llegaría muy lejos y que tenía una inteligencia superior a las demás niñas.
Un día nos pidió que trajésemos de casa, un puñado de arroz, otro de lentejas, otro de judías, garbanzos. Todas las variedades que tuviésemos de legumbres en casa porque íbamos hacer una manualidad. Al día siguiente, nos dio a cada niña un trozo de tabla muy fina con el dibujo de un payaso pintado y un bote de cola blanca, teníamos que rellenar el dibujo con las diferentes legumbres: para la cara una, para los ojos otra y así consecutivamente hasta completar el cuadro. Me encantó hacer aquello, mi payaso quedó muy bonito. Yo era muy meticulosa y pase largo rato colocando con sublime cuidado cada una de aquellas piezas.
Continue reading »