La noche era tan negra que no podía ver más allá
del cristal de la ventana. La luz de color rojo, de una pequeña lámpara que colgaba de la pared de mi aposento, reflejaba el dolor de tu existencia. Tu silencio se hundía dentro de mí como un punzón
en una maceta, cuya flor se marchitó.
Sin público que escuche el eco de tu palabra, solo la música del piano me acompaña, en un cuadro marmóreo de teclas vacías de todo ruido; tan artificial, como una codorniz momificada
sobre una fría losa de mármol cuyo nombre; no quiero recordar.
Nuria de Espinosa














José Saramago















